
Por Olivia Rivarola, Social Media & Community Engagement Manager de Factchequeado
Seguro te pasó: estabas scrolleando en redes sociales y te topaste con un video de una persona que no sabías si era real o no. Muchos son avatares creados con IA: miran a cámara, gesticulan y leen un guión con voz sintética.
Muchas cuentas que difunden desinformación usan este formato para producir videos de forma rápida y darle a sus mensajes una apariencia de autoridad. Desde Factchequeado quisimos entender mejor cómo funcionaba esta técnica de los desinformantes. Pero, en lugar de limitarnos a observarla desde afuera, decidimos probarla.
Así, en el marco del Lab Factchequeado 2025, un estudio mixto para entender qué formatos de video informativo generan mayor conexión, claridad y alcance en nuestra audiencia, creamos una serie de videos con avatares generados con inteligencia artificial. La pregunta que nos guió era bastante simple: ¿podemos copiar un formato que utilizan quienes desinforman y usarlo para compartir información verificada?
¿Qué pasó cuando publicamos los avatares?
Probamos los avatares en videos sobre salud, economía, alfabetización mediática y cambio climático y publicamos las piezas entre mayo y octubre xx de 2025. Los resultados fueron mixtos.
En general, los videos tuvieron un nivel moderado de visualizaciones pero generaron pocas interacciones en TikTok y YouTube. Cambiar de tema tampoco pareció producir grandes diferencias en los resultados.
En cambio, en Instagram, algunos videos funcionaron mejor que el promedio de los otros formatos con IA que estábamos testeando en ese momento. Y había algo particular en esas piezas: tenían un tono más irónico. En lugar de usar al avatar como si fuera simplemente una presentadora, lo convertimos en una especie de parodia de quienes usan estos personajes artificiales para desinformar. Exageramos algunos tonos, formas de hablar y recursos habituales de esas cuentas.
No podemos asegurar que el humor haya sido la única razón del mejor rendimiento. Había muchas variables en juego. Pero sí vimos algo que nos pareció importante: el tono y la idea detrás del video probablemente importaron más que el avatar en sí.
La tecnología, por sí sola, no alcanza
Este fue quizá el aprendizaje más claro: las personas valoran mucho más la cercanía y la humanidad que el contenido artificial.
La apariencia artificial del personaje puede generar curiosidad durante los primeros segundos, pero eso no garantiza que alguien vea el video completo, lo comente o lo comparta. El avatar puede ser llamativo, pero necesita una buena idea que lo sostenga, además de recursos visuales que lo acompañen. Fondos dinámicos, imágenes, elementos sobre impresos… es decir, hacer que el video sea dinámico más allá del avatar, no que el avatar sea el punto central del video. Con el experimento comprobamos que la parte más importante del proceso seguía dependiendo de personas. La inteligencia artificial podía crear el avatar y leer el texto pero el enfoque, el humor, la verificación de la información y las decisiones editoriales seguían siendo nuestras.
También tuvimos que pensar en los riesgos. La ropa, el fondo y la voz pueden hacer que un personaje artificial parezca médico, periodista o especialista. Por eso, al usar estos recursos, es importante evitar confusiones y dejar claro a la audiencia que está viendo un personaje creado con IA, no a una persona real.
Cómo hicimos los videos con HeyGen
Para crear los avatares usamos HeyGen, una aplicación que permite generar un video a partir de un personaje digital, una voz y un guión.
El proceso fue bastante sencillo:
- Definimos para qué necesitábamos al avatar. Antes de abrir la herramienta, pensamos qué rol iba a cumplir el avatar.
- Elegimos su apariencia. En HeyGen se puede seleccionar un avatar ya disponible o crear uno personalizado. Ajustamos su vestimenta, el encuadre y el fondo según el tipo de video.
- Escribimos el guión. Usamos frases cortas y conversacionales. También revisamos especialmente nombres, cifras y siglas, porque las voces artificiales no siempre las pronuncian como esperamos.
- Probamos diferentes voces. Elegimos voces en español que se adaptaran al tono de cada pieza. En algunos casos tuvimos que hacer varios intentos hasta encontrar una lectura que sonara natural.
- Preparamos el formato vertical. Configuramos los videos en proporción 9:16 para publicarlos en Reels de Instagram, TikTok y YouTube Shorts.
- Generamos y revisamos. Miramos con atención la pronunciación, las pausas, los gestos y la sincronización de los labios. Cuando algo se veía o sonaba extraño, modificábamos el guión y volvíamos a generar el video.
- Terminamos la edición fuera de HeyGen. Agregamos subtítulos, recursos visuales, textos en pantalla y la identidad gráfica de Factchequeado.
Para ver el paso a paso con más detalle, recomendamos este tutorial de YouTube sobre cómo crear videos con avatares usando HeyGen.
¿Lo volveríamos a hacer?
Sí, pero no porque los avatares hayan demostrado ser una fórmula para conseguir más visualizaciones. De hecho, en varias pruebas su rendimiento fue moderado o bajo. Lo volveríamos a hacer porque experimentar nos permitió entender mejor una herramienta que ya está siendo utilizada para desinformar. Pudimos probarla desde adentro, identificar sus posibilidades y sus límites, y pensar en qué casos podría tener sentido usarla desde el periodismo.
Lo que es seguro es que, aunque la inteligencia artificial cambie la forma de producir un video y agilice el proceso, siempre hace falta una buena idea, criterio editorial y una razón clara para publicarlo.